"La materia de los corazones", de Irela Perea
Yo tuve un corazón tierno como pan recién hecho. Pero los corazones cambian cada vez que se rompen, aunque poca gente lo sabe, y ahora mi corazón es de cristal. Y cuando lloro, me caen pedacitos transparentes de corazón, que estallan contra el suelo como cuentas de un collar. Mi corazón vidriado sufre un miedo insalvable a romperse, y por ello hemos huido siempre de aquellas personas que nos enamoran, por si un día nos abandonaran; o peor, nunca llegasen a querernos.
Pero, a través de todos los miedos, un día me encontraste tú, y en nuestra primera cita trajiste una botella de vino, y un cubo gigantesco de helado, coronado por un corazón de caramelo. Y un beso largo como ningún otro en la historia de los besos. Y ocurrió que dejé de llorar, y acabé por deducir que había desgastado mi corazón entero con tantas lágrimas perdidas. Sin embargo, una noche, mientras dormías, te abracé por la espalda; tú me tomaste la mano y la apretaste contra tu pecho. Y ahí sentí tu latido, fuerte como si tuvieras un corazón de lata. Y se me escaparon dos lágrimas compuestas de amor verdadero y de absoluta felicidad, por la fortuna de guardarte al fin entre mis brazos.
Entonces, una de las lágrimas me rozó los labios, y me sorprendió que era dulcísima. Como si me hubiera renacido un corazón hecho de caramelo.

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